Es difícil escoger entre tantas vivencias una trascendental. Todos nosotros siempre tenemos momentos malos y buenos, y yo quiero rescatar esos momentos buenos de mi vida
Desde que tengo uso de razón recuerdo a una mujer luchadora y trabajadora que ha sido y sigue siendo mi fuerza e inspiración, el motor de mi vida, la promotora de mi felicidad; esta mujer es mi madre que con su paciencia y cariño supo fomentar en mí el espíritu y la fortaleza que se necesita para afrontar los problemas de la vida, enseñarme que las cosas materiales no son tan importante como la vida misma। Y es en vida cuando uno puede lograr todos los objetivos trazados. Éstas siempre son sus palabras.
Mi niñez no fue del todo malo gracias a ella, sin embargo conforme iba creciendo, arrastraba conmigo esa amargura que de niña sufrí, la relación con mi madre no fue tan buena, cuando entre a la adolescencia siempre discutía con ella por cualquier motivo, me había convertido en una rebelde y aunque me mostraba fuerte, en el fondo sufría mucho; pues que persona va a ser feliz si no tiene una buena relación con sus padres। Ella sufrió mucho al no saber como arrancar de mí ese sentimiento de rencor, me aconsejaba, pero yo no entendía; debe ser muy difícil ser madre, en mi opinión es el papel más importante de una mujer.
Yo fui cambiando cuando ingresé al seminario de vida en espíritu en la iglesia católica de mi barrio, ahí conocí el amor de Dios y me di cuenta de mis errores, sobre todo lo malo que me porté con ella। Y es que uno piensa que tenemos los problemas más grandes del mundo, pero si nos comparamos con otras personas nos daremos cuenta que tenemos todo para ser felices, sólo hay que conseguirlo.
Ahora el problema era cómo decirle a mi madre que me perdone, que la adoro, que es la mejor de todas. La oportunidad llegó en el segundo domingo de mayo, como es costumbre en mi colegio organizan una ceremonia por el día de la madre todos los años. Yo me apunté para cantar una canción de Leo Dan: la sombra de mamá, ella se encontraba presente y no sabía que iba actuar. El maestro de ceremonia mencionó mi nombre, y me percaté de su asombro al verme en el escenario. Yo tenía nervios al comienzo…, pero al coger el micrófono sentí que el escenario era mío y podía hacer con él lo que quiera, comencé a cantar con todo ese sentimiento guardado, me dirigí hacia ella, me ganaron las lágrimas y a ella también; al término de la canción, me abrazó y besó, todos aplaudieron, algunas madres también lloraban. Sentí en ese momento una de las emociones más importantes de mi vida, era el momento de mi resarcimiento como hija.
Desde que tengo uso de razón recuerdo a una mujer luchadora y trabajadora que ha sido y sigue siendo mi fuerza e inspiración, el motor de mi vida, la promotora de mi felicidad; esta mujer es mi madre que con su paciencia y cariño supo fomentar en mí el espíritu y la fortaleza que se necesita para afrontar los problemas de la vida, enseñarme que las cosas materiales no son tan importante como la vida misma। Y es en vida cuando uno puede lograr todos los objetivos trazados. Éstas siempre son sus palabras.
Mi niñez no fue del todo malo gracias a ella, sin embargo conforme iba creciendo, arrastraba conmigo esa amargura que de niña sufrí, la relación con mi madre no fue tan buena, cuando entre a la adolescencia siempre discutía con ella por cualquier motivo, me había convertido en una rebelde y aunque me mostraba fuerte, en el fondo sufría mucho; pues que persona va a ser feliz si no tiene una buena relación con sus padres। Ella sufrió mucho al no saber como arrancar de mí ese sentimiento de rencor, me aconsejaba, pero yo no entendía; debe ser muy difícil ser madre, en mi opinión es el papel más importante de una mujer.
Yo fui cambiando cuando ingresé al seminario de vida en espíritu en la iglesia católica de mi barrio, ahí conocí el amor de Dios y me di cuenta de mis errores, sobre todo lo malo que me porté con ella। Y es que uno piensa que tenemos los problemas más grandes del mundo, pero si nos comparamos con otras personas nos daremos cuenta que tenemos todo para ser felices, sólo hay que conseguirlo.
Ahora el problema era cómo decirle a mi madre que me perdone, que la adoro, que es la mejor de todas. La oportunidad llegó en el segundo domingo de mayo, como es costumbre en mi colegio organizan una ceremonia por el día de la madre todos los años. Yo me apunté para cantar una canción de Leo Dan: la sombra de mamá, ella se encontraba presente y no sabía que iba actuar. El maestro de ceremonia mencionó mi nombre, y me percaté de su asombro al verme en el escenario. Yo tenía nervios al comienzo…, pero al coger el micrófono sentí que el escenario era mío y podía hacer con él lo que quiera, comencé a cantar con todo ese sentimiento guardado, me dirigí hacia ella, me ganaron las lágrimas y a ella también; al término de la canción, me abrazó y besó, todos aplaudieron, algunas madres también lloraban. Sentí en ese momento una de las emociones más importantes de mi vida, era el momento de mi resarcimiento como hija.
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