sábado, 21 de febrero de 2009

VIAJANDO CON EL PELIGRO

Son muchas las experiencias que uno logra tener cuando viaja por la vía terrestre, desde que uno escoge el carro hasta el ansiado retorno. Cuando tenemos dinero, solemos escoger el ómnibus más confortable de Agencias prestigiosas; sin embargo las personas como yo de bajos recursos económicos prefieren ir a los terminales de ómnibus conocidos popularmente como “la salida de carros”. En Trujillo conozco dos salidas, uno que va a Lima y queda en la Panamericana Norte en el distrito de Moche, y otro que va a Huamachuco, Otuzco, Santiago de Chuco y Tayabamba ubicada en la avenida Mateo Pumacahua en el distrito El Porvenir.

El 22 de diciembre de 2004, decidí viajar a Parcoy distrito de Tayabamba a pasar Nochebuena con mi madre y hermanos menores. Es así que preparé mi maleta con ropa de invierno, busqué una frazada, botas, champú, jabón, cepillo y crema dental; Todos los implementos necesarios para un viaje largo y accidentado. Con mi valija en la mano salí a esperar el micro (El Cortijo) que me llevaría hasta la salida, llegue a la 7:30 pm y estaba la novedad que no había movilidad, los dos únicos ómnibus Garrincha y San Antonio de Padua pasaron llenos. En ese momento aparecieron más carros, cuyos llamadores gritaban_ ¡A Huamachuco! ¡A Huamachuco! Estaban dispuestos a llevar a la mayoría de personas, sin embargo el costo del pasaje era excesivo. Normalmente el pasaje en estas fechas es de 58 nuevos soles hasta Parcoy y ellos tan sólo a Huamachuco estaban cobrando 60 nuevos soles.

Continúe esperando, estaba algo temerosa, comenzaron a llegar más gente de las cuales no les tenía mucha confianza, luego de una hora aproximadamente llegó un camión de Garrincha, llevaba carga de cemento a MARSA (empresa minera), yo anteriormente ya había viajado dos veces en camión cisterna, así que corrí a pararlo y pedí al chofer me transportara, el chofer tenía cara de pocos amigos y seriamente me preguntó_ ¿qué llevas?, ¿Viajas sola? _Si le conteste, sólo llevo mi maleta y frazada. Mando a su chule a abrir las puertas traseras del camión. Subí y me sentí como un objeto abandonado. Pensé que iban a subir varias personas, sin embargo el camión arrancó y no paró hasta llegar a Yamobamba. Hasta ese momento era la única pasajera y hacía enormes esfuerzos por dormir, pero el movimiento del carro no me lo permitía. La velocidad del carro empezó a disminuir, me estaba quedando dormida, De pronto sentí que las puertas se abrieron, era el chofer _ tengo que dormir un rato, sino no llegamos_ bien, le conteste. No le di importancia, sin embargo él comenzó acercarse a mí y trato de acosarme_ me sorprende que viajes sola; yo inocentemente le conté que no es la primera vez _antes había viajado con el señor Charles, el señor Pesantes; él sorprendido me dijo _ ¿Pesantes? él es mi tío y yo también me apellido así; y agregó _ sabes me gustas y si tú quieres, no te cobro el pasaje; no lo pude creer, que se habrá creído ese tipo, era muy diferente a su tío _!No, señor¡, yo le voy a pagar mi pasaje, no entiende lo que es un ¡no! Y si Ud. Continua entonces le denunciaré por acoso sexual; la verdad es que, como deseaba en ese momento salir de ese lugar, miraba si pasaba otro carro, sin embargo estábamos en un pueblo desolado, además yo no contaba con dinero suficiente sólo tenía en mi bolsillo 30 nuevos soles y el pasaje me costaría 20nuevos soles esa era la tarifa establecida por los hombres de ruta. Además había planeado no comer durante el viaje para que me alcance el dinero. Desde el comienzo, había pensado viajar en camión, como antes les dije ya lo había hecho, viajar de esa forma es más cómodo. Podía ir sentada, si tenía sueño me acostaba en la panagra, además aprecias mejor la naturaleza. En esas dos oportunidades tuve la suerte de conocer choferes amigables y respetuosos, muy distintos a ese pervertido. Para fortuna mía dejo de insistir, pero a partir de ese momento se mostró más soberbio y prepotente.

A mí sólo me importaba llegar, entonces decidí no salir del carro, no quería ver la cara de ese desagradable hombre. Durante el trayecto subían más pasajeros con la cuales conversaba, ya no me sentía tan sola. Ellos sorprendidos me preguntaban_ ¿por qué no bajas a comer?, aunque sea sal a estirar las piernas _ No, hace frio y prefiero quedarme. Cuando llegamos a Huamachuco pregunte la hora y me dijeron _ son las 3am.

Pasaba el tiempo y yo continuaba durmiendo, soñaba, pero no me acuerdo que, de pronto alguien me grito _ ¡Jenny! ¡Salta! ¡Apúrate!; era la voz de una pasajera, me di cuenta que el camión estaba de lado y sólo atiné en saltar por instinto, porque luego me daría cuenta que estaba bien alto para saltar. Lo que paso es que había caído una gigantesca piedra en la carretera que obstaculizaba el paso de los carros, sin embargo los choferes de camiones y cisternas decidieron pasar cuidadosamente calculando el espacio disponible, no obstante hicieron que todos los pasajeros bajaran.

Eran las 6am, había toda una fila de carros esperando su turno. Uno a uno pasaba exitosamente esa estrecha carretera, sin embargo al despreciable señor Pesantes le traicionaron los nervios y la baranda del lado derecho del camión choco con la enorme piedra empujándolo al precipicio. Para suerte mía y la del chofer las llantas traseras y una delantera se atrancaron en los arbustos quedando la cabina y parte de la baranda en el aire. El lugar donde sucedió todo esto fue en el Potrerillo que queda a dos horas pasando Huamachuco.

Tenía la impresión que el camión caería, estaba muy inclinado y así permaneció por media hora. La única solución era que uno de los camiones que estaba delante lo jalara con un cable, pero nadie quería hacerlo. Ningún chofer quería ayudar a ese hombre, todos comentaban que era de lo peor y nadie le iba a prestar su cable y mucho menos su carro para sacarlo, Me di cuenta que no era la única que odiaba a ese individuo.

Un Chofer apodado “el Chapingo”, cuyo carro estaba atrás de nosotros y trabajaba en la misma empresa de Pesantes protestó a los choferes que habían logrado pasar_ ¡ya pues! hasta cuando voy a esperar, yo necesito pasar. Entonces otro chofer conocido como “el loco” dijo_ Está bien Vamos a ayudar a Pesantes para que pueda pasar el amigo “Chapingo” y en voz baja comento_ porque por mí fuera, no ayudaría a tremendo soplón.

Chapingo y el Loco cogieron un cable de acero y uno de los extremos lo engancharon en el puente del frontis del camión de Pesantes y el otro en el chasis del camión del Loco. Los demás choferes colocaban piedras regulares y barro en las llantas del camión del Loco para que tenga más fuerza. Pesantes se subió a la cabina y esperó la señal del Loco para arrancar. Todo listo, el Loco subió y comenzó a andar en retroceso, parecía que el peso del otro camión le jalaba, entonces los demás seguían colocando piedras. Vieron que era necesario otro cable, así que colocaron el cable de otro chofer, Evelio.

Faltaba poco para el camión toque suelo solido, pero en cuestión de segundos un movimiento brusco lo hizo balancear, Pesantes se puso blanco por el susto. Los choferes dirigían _Dale…, agarra huella…, a la derecha…ahí. Cuando el camión tocó suelo solido, Pesantes comenzó a arrancar y al fin logro salir del desfiladero. Fue así como a las 8:30am se lograron salvar ese carro, mi maletín que me había olvidado en sacar y el indecente señor Pesantes.

Aprovechando el momento, pedí a los demás choferes que me lleven, pero se negaron, me dijeron que no podían; ni modo tenía que continuar en ese carro hasta el final del viaje.
Llegamos a Chugay 10am, allí Pesantes paró para desayunar. Pasamos el frio de Guaguil, Molino. A las 3pm llegamos a Aricapampa, allí almorzaron, la verdad es que me moría de hambre, pero me decía a mí misma falta poco. Menos mal que pasamos Chagual a las 6:20, porque allí hace un calor sofocante, pero al menos una hermosa vegetación, árboles frutales como: los naranjo, Ciruelos, platanales, manzanos, etc.; también encontramos el rio Marañón, fue emocionante pasar el puente”El Oso”, porque pude ver la grandeza de ese rio. Luego comenzaría una larga subida que nos llevaría a los pueblos: Desvio de Chillia, Llaupa, Trapiche y al fin Retamas donde me quedaría.

El destino final del camión era Marsa una hora más de recorrido. Yo llegue sucia, cansada, disgustada y asustada. Bajé del camión me dirigí al chofer y le pague 20 soles, él enojado me dijo_ falta 10 nuevos soles._ ¡quee! Si el pasaje esta así, todos cobran así_ pero, yo no soy todos, además no dijiste que ibas a pagar tu pasaje, ya pues. Sinvergüenza, era un fresco. No me quedaba de otra le pagué 10 más. Quería demostrarle que conmigo se ha confundido, pero ahora que lo pienso para lo que le habrá importado mi actitud.

Llegue a casa y la alegría de ver a mi madre me hizo olvidar el mal momento. Creo mi adorada madre presintió lo que me había pasando, porque me esperaba con un buen caldo de gallina.

No todo fue malo en ese viaje, pude apreciar la naturaleza, conocí los nombres de algunos pueblos, hice nuevos amigos, me hice amiga de choferes buenos, aprendí como salvar un carro de una segura caída y finalmente aprendí que no debo ser tan arriesgada y escoger mejor en donde y con quien viajar.

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